Las claves del nuevo modelo científico y el bienestar.


Por absurdo que nos pueda parecer, los nuevos modelos siempre se construyen sobre las bases de las obsoletas ruinas de los modelos pasados. El problema afecta incluso a nuestra concepción del tiempo como una clave de pensamiento lineal y unívoca, sobre la que creemos no tener base de discusión. Y precisamente es ese el problema. Especialmente cuando ya sabemos que no existe un indicador objetivo en la ciencia que nos permita saber si algo es objetivamente cierto o no desde el punto de vista lógico que no racional.

Esa es la cuestión. Decidir que las estructuras del pensamiento evolucionan a un modelo Kantiano o permanezcan en el cartesiano. Difícil decisión, pero necesaria en estos momentos en base a las evidencias científicas.

Definir, es la base de nuestro actual modelo científico. Cuando definimos algo, trabajamos por racionalizar un modelo estático que nos permite ejercer el control sobre algo que consideramos alcanzable, medible y estable y nos permite avanzar tecnológicamente en un contexto en el que nos sentimos los sujetos de la decisión. El problema aquí, es que esta premisa es falsa, porque hemos apartado de la síntesis algo que pertenece a una globalidad mucho más amplia, que depende de variables que hemos apartado y que al fin y al cabo hemos decidido considerar externas. A este error, le llamamos el sofisma del razonamiento práctico tal y como Kant lo expresaba, cuando las supuestas “veradades a posteriori” se independizan de los hechos objetivos dinámicos de la naturaleza, en suma, de la realidad. En este caso, tenemos el modelo científico ortodoxo que basa el conocimiento en lo inmediato, tangible e invariable, cuando en realidad, el objeto de la medición es variable, intangible y mediato.

Lo cierto es que en ese axioma científico, trazamos un paralelismo con una fotografía, como si ésta fuera el todo y el contenido de ella estuviera paralizado, pero lo cierto es que no lo está, por lo que es necesario reformular otra metodología científica mucho más dinámica que la actual y mucho más Kantiana, y no tan Cartesiana como la actual.

El riesgo que ya se ve y se experimenta, es que las realidades específicas puestas de relieve por la tecnología, están extremadamente separadas de la naturaleza y por tanto, implican una divergencia del entorno en una errónea creencia de control de los procesos de generación de los fenómenos naturales.

En sentido contrario, el mayor conocimiento holístico y dinámico de las realidades nos permite entender que la ciencia debería ser más que una definición y medición estática, un continuo y dinámico modelo de descripción envolvente de los fenómenos con la condición de establecer reglas variables basadas en el principio de la decisión inteligente y no de la estadística simple o azar.

Y es precisamente ese “el sofisma”, el principio del azar, cuando ya se sabe que éste no existe. La razón es obvia, siempre existe una inteligencia que ejerce una decisión, lo que implica que el azar realmente es la indecisión de un colectivo, región o zona, cuando deja de ejercer su decisión, por desconocimiento, miedo o simplemente pereza.

Aquí es donde realmente interviene el principio de incertidumbre de Heisenberg, tan sólo cuando en base a la no decisión, interpretamos los resultados, y por tanto, entendemos que estos dependen de una ecuación estadística, cuando lo cierto es que realmente dependen de una ecuación de decisión.

Pero, volviendo al principio de reformulación del nuevo modelo, este se construye con las aportaciones conjuntas de muchos, que de forma convergente y consciente, tratan de entender la lógica de la ecuación de decisión. Tal es el intento de llegar a lo que denominamos la Inteligencia Colectiva o el pensamiento global, que se fundamenta en la base del pensamiento individual desprovisto de cargas estáticas, es decir de acopios inmediatos.

Por complejo que pueda resultar, ya existen intentos en varias Universidades para trabajar el modelo. Recientemente, ha sido en la Universidad de Galway (Irlanda),  Pionera en el desarrollo de la cuestión, pues afecta, no únicamente a las metodologías de medición, sino también a las cuestiones más profundas del concepto de Bienestar.

Lo cierto es que no puede hablarse de ciencia sin bienestar y de bienestar sin ciencia. Apartar ambas cuestiones es como intentar que el fuego y el agua permanezcan aislados en la naturaleza, en la medida en que ambos elementos forman parte de un todo.

Aunque en una primera fase la semántica es primordial a la hora de conceptualizar estos temas, más allá de la semántica, existe el concepto, por lo que no podemos obviar que desde la semántica al concepto, (la esencia) existe toda una línea de profundidad en el conocimiento susceptible de graduación, al igual que los itinerarios formativos actuales.

Medimos el conocimiento por su profundidad, y no por su cantidad. Si separamos el ámbito cualitativo, del cuantitativo y consideramos únicamente los resultados externos conceptualizables como definiciones científicas aisladas, cometemos el error de quedarnos únicamente en el primer grado del conocimiento.

Si fuéramos capaces de dividir conceptualmente el conocimiento en 13 grados, los primeros 7 grados, constituirían las capas más superficiales de éste, a medida que profundizamos en él, vamos entendiendo las interacciones de todas las capas hasta llegar a las otras 7 capas interiores. Cada capa interior está cada vez más vinculada con todas las exteriores y al tiempo es más dinámica. A mayor profundidad de capa, mayor conocimiento y mayor dinamismo en el conocimiento, es decir, mayor fluidez en el cambio de paradigmas, leyes y axiomas, más variables en las ecuaciones y más holismo. Mayor interconexión entre el todo y las partes, etc…

Así hasta llegar a la última capa, la esencia. La capa 13, es la verdadera maestría, pues consiste en aceptar que el flujo de los acontecimientos no depende de la incertidumbre, sino de la decisión, y la decisión es fluida, dinámica y depende de las demás capas, es interdependiente, armónica y sutil, inteligente y honesta, convergente y creadora, fractalmente ascendente y fractalmente descendente, y conforma la razón última de todas las cosas.

Este regreso al origen, es el alfa y la omega, el principio y el fin, el renacimiento y no la compartimentalización del todo, sino la convergencia de las partes. Y sin duda, será el nuevo modelo científico de los siglos venideros.

Fundación EticoTaku 2013.

 

 

 

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