Actitudes del Emprendedor Consciente: Sinestesia, Resilencia, Progresión y Transformación.


Muchos son los proyectos nuevos que comienzan a ver la luz en este último trimestre de 2013. No faltan ideas brillantes, respecto de su contenido, las innovadoras soluciones que ofrecen, la proyección de mercado, su carácter holístico etc…

Pero hoy, vamos a tratar un tema muy importante, y que pocas veces se aborda cuando se analizan las claves del éxito de los proyectos que llegan lejos. A menudo nos preguntamos por qué algunas misiones triunfan y otras fracasan cuando aparentemente son innovadoras, tienen proyección de mercado y tienen una proyección holística y sin embargo no calan en el público, no obtienen la inversión necesaria y/o no progresan.

Junto a las claves necesarias para el análisis objetivo de los proyectos, plan de negocio, análisis DAFO, estrategias de producción, determinación de estructuras y modelos adecuados de gestión, comercialización y post-venta, hay una serie de cualidades fundamentales que requieren un entrenamiento personal en los Directores de Proyectos, que son críticas para marcar la diferencia entre el éxito y el fracaso en el largo plazo.

La mayoría de los proyectos basados en el emprendimiento, no superan los dos años de vida desde su nacimiento, de ellos el 65% apenas supera el primer año de vida. En la otra cara de la moneda, tan sólo un 10% de los proyectos innovadores, consiguen la proyección necesaria para el éxito. (Datos provisionales FET 2012-2013).

Los que finalmente consiguen despegar, presentan unas características específicas que les diferencian del resto, y curiosamente, tiene que ver no con el proyecto “per se”, sino con una serie de actitudes del emprendedor. Por así decirlo: Un entrenamiento especial que les lleva al éxito de la misión. Las aptitudes se dan casi siempre, pero ¿Qué sucede con la actitud?.  Y es aquí donde aquellos que cuentan sus experiencias de éxito se emocionan al compartir la receta que les hizo llegar lejos. Esa receta, implica una forma de vida, un espíritu especial y una creencia sólida en unos valores específicos y comunes de los que muy pocos hablan.

Hoy hemos entrevistado a uno de los jóvenes CEO españoles más relevantes. Su proyecto ha triunfado. Es muy joven. Apenas ha cumplido 30 años. Por expresa voluntad suya, ha decidido mantenerse en el anonimato. Nos dice que uno de los grandes males de España es la envidia: “Muchas veces es mejor pasar desapercibido mientras cumples tu misión, si te precipitas y haces publicidad de tu idea a gran escala antes de tiempo, estás perdido, pues intentarán hundirte”.  Una vez que has conseguido el éxito dirán que tuviste mucha suerte.

La clave está en salir justo a tiempo, es decir, no en surfear cualquier ola a cualquier precio, sino esperar a la ola que se ajusta a tu estilo de surf. “Mientras tanto, debes ir preparando el proyecto, cocinándolo a fuego lento, ajustando los desajustes, configurando el back office, estudiando el mercado, seleccionando el target, previsualizando y proyectando el ROI y ajustando al máximo posible el DAFO.” Esto es clave. Salir antes de tiempo es un fracaso asegurado. Las prisas no son buenas. En todo momento hay que ser consciente de la toma de decisiones, especialmente en los momentos en los que los agobios financieros o económicos son más acuciantes. Cuanto mayor sean las dificultades financieras personales, mayor debe ser el temple para no caer en la tentación de tomar decisiones cortoplacistas o decisiones en caliente.

Da igual si tu proyecto es de regeneración ecológica de residuos, de eficiencia energética, de bicicletas eléctricas, de hielo artificial, de coches de aire comprimido, de pilas híbridas de hidrógeno, de semiconductores, de microprocesadores, de dispositivos convergentes de software, de ocio alternativo, de restauración y hostelería o de agricultura ecológica. Las reglas relativas a la actitud en la gestión del éxito son siempre las mismas. “En España hay un miedo terrible al fracaso, una aversión extrema al riesgo que resulta paralizante en el ámbito social”. Cuando alguien visualiza un proyecto innovador, inmediatamente es tildado de esotérico. Es como si de forma sistemática te señalaran con el dedo como si fueras anormal, estuvieras loco o incluso peor, en ocasiones pueden llegar a las descalificaciones expresas, las injurias y las rupturas personales en tu entorno emocional. “En el fondo lo que hay aquí es una proyección del miedo de los demás a que te salgas de la fila, a que tu idea sea diferente.”  Si consigues mantener tu idea en el tiempo y estructurarla de forma lógica, coherente y sólida, a pesar de esa inquisición social ya has avanzado el 50% de tu futuro éxito en la misión. En mi caso la idea surgió cuando era niño y desde entonces fui trabajando en la idea hasta que fue tomando la forma necesaria para poderlo presentar a los inversores. “Recuerdo que mi novia me dejó porque decía que era un perdedor y un chiflado  y se casó con un directivo de una multinacional que ganaba mucha pasta. “

Cuando mi proyecto ya estaba maduro para buscar inversores, entonces vino lo más difícil, llegó la crisis y mi familia no tenía recursos para seguir pagando mis estudios, yo estaba en el paro y la cosa se puso muy complicada. Fue ahí donde tuve que no dejarme llevar por las prisas para encontrar un inversor. Me costó muchísimo esfuerzo controlar mis impulsos y mis emociones, así que decidí dedicarle más tiempo a perfeccionar todos los “contras” que un inversor potencial pudiera ponerme y me dije…”Si realmente existen inversores que quieren rentabilidad con un proyecto, entonces sabrán valorar mi esfuerzo, mi creencia en el modelo y mi perseverancia”. No tenía nada que perder y sí  mucho que ganar haciendo esto, así que decidí apuntarme a unos programas de entrenamiento intensivo y mentoring para emprendedores. Hay muchos disponibles, pero la gente no los valora, y francamente creo que fue una de las mejores decisiones que he tomado en mi vida. De hecho descubrí que los inversores realmente interesantes y serios, preferían seleccionar los proyectos que superaban ese tipo de entrenamiento, porque para ellos era una garantía de calidad.  Por el camino, antes y durante el entrenamiento me abordaron algunos inversores que me  hicieron perder mucho tiempo, me ponían condiciones imposibles y cosas así, pero en el entrenamiento me enseñaron a discernir a los inversores serios de los que no lo son. “Éste es un punto importante, porque muchos inversores son simplemente tiburones financieros o depredadores financieros cuya única motivación es quedarse con tu patente o invención y plagiarla o retirarte del mercado, o incluso arruinarte.”  En el mentoring, aprendí que los verdaderos inversores buscan unos criterios de ROI, se involucran en el proyecto y te ayudan a que salga adelante desde la base, siempre que vean en ti una serie de actitudes. Por eso las prisas no son buenas.

Con el tiempo comprendí que la motivación de los verdaderos inversores no es simplemente la rentabilidad. Hay algo mucho más profundo en ellos, como la estabilidad operativa, la proyección de futuro y la externalización, porque si no fuera así les bastaría con invertir en bolsa. Actualmente en bolsa pueden obtener rentabilidades superiores al 30% anual sin apenas asumir riesgos.

Así que merece la pena perseverar. En mi opinión ha sido clave el aprendizaje de unas cualidades que imaginaba pero que nadie me había explicado hasta que no hice el mentoring. De todas ellas me gustaría poner el énfasis en cuatro que considero fundamentales para el éxito de cualquier misión empresarial en el contexto actual.

DAFO

La primera es la sinestesia. En España apenas se presta atención a esta capacidad, pero fuera de nuestras fronteras opera como un requisito sin el cuál no es posible hacer nada. Fuera de nuestro país, se enseña a los chavales desde pequeñitos y se les potencia desde la escuela. La sinestesia podría definirla como la capacidad de comprender un lenguaje oculto en las ideas, en la creatividad y ser capaces de traducirlo a otras manifestaciones de expresión para que una idea creativa sea coherente en todas sus manifestaciones y por supuesto en el tiempo. Por ejemplo, si tengo una idea de proyecto, tengo que desarrollar la capacidad de expresarla en los folletos que haga, o en la página web, o en las memorias que redacte o en las presentaciones de producto, o en las comunicaciones internas. Toda obra creativa tiene un código de comunicación que no todo el mundo es capaz de ver. La clave está en hacerlo llegar a los que comparten esa idea o necesidad para que puedan entenderlo y valorarlo. Por muy buena que sea una idea creativa, si no sé expresarla en todos los medios disponibles, no transmitirá todo su potencial y no pasará de ser una mera idea.

La segunda capacidad que me parece crucial es la resilencia.  Por desgracia en España, tampoco se habla mucho de esto y es crucial, porque implica la flexibilidad operativa en la toma consciente de decisiones sin que la esencia de la idea se modifique. Es la habilidad para adaptar la idea a lo que demandan los agentes sin perder la esencia original.  Un ejemplo de ello lo vemos en los restaurantes de alta cocina. Fuera de España por ejemplo encontramos restaurantes españoles, pero los platos que comemos en ellos se han adaptado a los gustos y costumbres del contexto, presentan variaciones respecto de la idea original, adaptaciones inteligentes pero respetando la esencia de la idea original. Este punto es vital, porque descarta el caos o el azar como elemento de éxito y por otro lado, implica una cierta flexibilidad y apertura mental que requiere prestar atención al contexto, las circunstancias y las características del mercado. Hubo un ejemplo hace tiempo de una marca de coches que sacó al mercado un modelo que se llamaba “pajero” , cuando salió al mercado hispano hablante tuvo que cambiar la denominación a “montero”. En una gran empresa las decisiones tardan mucho tiempo en tomarse, porque involucran a los accionistas, a los consejos de administración, y a muchos agentes pero la ventaja del emprendedor que empieza en este punto es grande, ya que los agentes son menos y más accesibles. Pero ese entrenamiento desde el principio es vital, ya que afecta al crecimiento futuro de la empresa. Sin actitud resilente un emprendedor no tiene futuro. No hay que confundir actitud resilente con ser voluble o ser un borrego, no tiene nada que ver. Ser resilente es ser de mente abierta pero sin perder la creencia o la esencia original. Ser voluble o ser borrego es otra cosa muy diferente. El problema una vez más es que en España muchas veces se confunden los términos o se les adjudica connotaciones procedentes de los miedos, las tradiciones etc…

La tercera capacidad es la “progresión” entendida como la capacidad de desarrollar procesos encadenados de avance desde la sinestesia y la resilencia que conservando la idea original, desarrollan y profundizan en nuevas ideas y necesidades complementarias a medida que el proyecto avanza y se desenvuelve satisfactoriamente. La progresión es vital porque consolida el éxito y genera escalabilidad en los modelos de negocio. Como actitud del emprendedor, implica la evolución en la idea y su materialización contínua.  La progresión también implica aprendizaje contínuo, implica ser como una esponja todo el tiempo, avidez por aprender, por entender, por desarrollar, por complementar, etc…

Por último, la cuarta que destacaría es la actitud de “transformación” entendida como una especie de alquimia consciente en la que una amenaza potencial se convierte en oportunidad real. La capacidad de transformación es una actitud vital, que implica la posibilidad bajo cualquier circunstancia para transformar la amenaza en oportunidad y evitar el efecto Titanic. El efecto Titanic consiste en estrellar el barco contra el iceberg por miedo a cambiar de rumbo en base al peso de las experiencias aprendidas en el pasado. En el ámbito empresarial, se traduce en la capacidad de relativizar las experiencias del pasado y entender que no necesariamente los resultados del pasado se van a repetir en base a los mismos estímulos externos. Por ejemplo, si en el pasado se incrementaron las ventas por una acción o campaña determinada, esto no significa que en el futuro ese resultado sea el mismo utilizando la misma acción, así que la forma de anticiparse al futuro, consiste en transformar la decisión adaptándola a la resilencia y para eso hay que prospectar, saber lo que buscan los potenciales clientes, los potenciales inversores, etc…

Fundación EticoTaku: La Fundación de los Emprendedores de España.